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Entre la organización política y el pragmatismo
EL PENSAMIENTO ALBERDIANO

La revisión del constitucionalismo sudamericano
Alberdi argumentó que las primeras constituciones americanas surgidas tras las guerras de independencia estaban orientadas casi de forma exclusiva a consolidar la emancipación militar y la soberanía exterior. Según su diagnóstico, esos textos se olvidaron de la economía. Seguían pensando como en tiempos de la Colonia: puertas cerradas, protección a la producción local y desconfianza hacia el extranjero.
Para él había llegado otro momento. Era hora de pasar de las “constituciones de la emancipación” a las “constituciones de la organización y el progreso”. La Constitución debía ser una herramienta viva para atraer capitales, poblar el territorio y poner a producir al país.
Para Alberdi, el arado, el ferrocarril, el telégrafo y la fábrica eran los verdaderos agentes de la civilización.
“Gobernar es poblar” y la educación a través de las cosas
La máxima alberdiana “gobernar es poblar” sintetizó su programa. Para el pensador tucumano, el mayor obstáculo de la Argentina era su inmensidad vacía: sobraba territorio y faltaba gente. Promovió la llegada de inmigración europea para introducir hábitos de trabajo industrial, conocimientos técnicos y nuevas herramientas de producción.
También pensaba distinto la educación. Desconfiaba de una enseñanza demasiado teórica, centrada en la filosofía y la literatura, y defendía lo que llamó “educación de las cosas”: oficios, idiomas vivos, comercio, agronomía e ingeniería. Para él, el arado, el ferrocarril, el telégrafo y la fábrica eran los verdaderos agentes de la civilización.



