Edición septiembre
De la fundación en Ibatín a La Toma: la mudanza que nos hizo ciudad
El 29 de septiembre de 1685, Miguel de Salas y Valdez ejecutó la refundación en el paraje de La Toma, punto clave donde se cruzaban los caminos.
1565-1685. Fundación y traslado de la ciudad
San Miguel de Tucumán fue fundada el 31 de mayo de 1565 por Diego de Villarroel en Ibatín. Su creación respondió a un plan estratégico: conectar Potosí con el Atlántico, controlar el paso hacia Chile y Perú, y contener a las comunidades diaguito-calchaquíes. Con una traza de siete manzanas por lado, edificaciones de adobe y techos de paja, la villa albergó al Cabildo y a las órdenes franciscana, mercedaria y jesuita. Prosperó gracias al comercio, pero empezó a quedar aislada cuando la ruta mercantil se desvió hacia la Quebrada de Humahuaca.
La ciudad de 9x9 que se instaló en 1685, permaneció casi inalterable durante 200 años. Se amplió a fines del siglo XIX.
A este aislamiento se sumaron las constantes crecidas del río del Tejar, que destruían tierras productivas y propagaban epidemias, además de la cercanía con la montaña, que exponía a la población a continuos asedios. Ante este panorama insostenible, en 1678 se convocó a un cabildo abierto para debatir el traslado. Pese a la resistencia de vecinos temorosos de perder sus propiedades, el gobernador Fernando de Mendoza Mate de Luna dispuso la mudanza. El 29 de septiembre de 1685, Miguel de Salas y Valdez ejecutó la refundación en el paraje de La Toma, punto clave donde se cruzaban los caminos.
El nuevo emplazamiento, situado sobre el trazado natural del Camino del Perú, replicó el modelo en damero pero a mayor escala: un trazado de 81 manzanas organizadas alrededor de una plaza central, reservando el contorno para la Iglesia Matriz, los conventos y el Cabildo. Este trazado garantizó mejores condiciones sanitarias y de conectividad, y se mantuvo prácticamente inalterado en sus límites centrales durante casi dos siglos, hasta la apertura de los grandes bulevares hacia fines de la década de 1880. Es, todavía hoy, el corazón de nuestra ciudad.
El misterio de la Cruz de la Catedral
- Fuente: “La cruz de la Catedral”, columna “Apenas Ayer”, de CARLOS PAEZ DE LA TORRE (h). 16 de febrero de 2012.
- Junto al altar de San Miguel, dentro de la Catedral, se conserva una cruz de madera – tallada en quebracho colorado, pintada de negro, de cinco metros de alto– conocida como la “cruz fundadora”. La primera mención oficial que se conserva sobre ella es de 1877, cuando una ordenanza municipal dispuso trasladarla desde el Cementerio del Oeste hasta la Iglesia Matriz. Todo indica que corresponde al año 1685, el del traslado a La Toma, y no a la fundación original de 1565: según una “Guía de Tucumán”, de Colombres y Piñero, publicada en 1901, la cruz llevaba entonces una chapa que decía “Fundadora de la Ciudad de San Miguel de Tucumán en 1685”. La placa de bronce que hoy puede verse junto al altar, colocada en 1953, inscribió la fecha de 1565, aunque no se conoce con qué respaldo documental se hizo ese cambio.



